Las imágenes que uso en este blog son tomadas de Google, en caso de que alguien se sienta invadido por favor hágamelo saber que serán retiradas de inmediato.
domingo, 20 de junio de 2021
El trovador de San Juan de Dios
sábado, 12 de junio de 2021
La procesión.
sábado, 15 de mayo de 2021
Día de lluvia y viento
Una mañana invernal de muchísimo frío, de estas mañanas que por Jaén no hay quien ande a causa del tremendo viento, que baja desde Jabalcuz, y hace remolino en la calle Campanas, donde se decía antiguamente que volaban sombreros.
Aquella mañana aproveché que estaba abierta la Catedral, para entrar y hacer unas fotos, antes de que empezara la santa misa, e inmortalizar en mi cámara las bóvedas de la joya del renacimiento español.
Entre foto y foto me encontré frente a la Capilla de la Virgen de la Correa, en ella arrodillado, meditaba y medio lloraba un señor de unos ochenta y pico de años.
Al incorporarse el señor se dio un golpe en la cabeza con la reja que cierra dicha Capilla, de inmediato le presté auxilio y le acompañé a un banco, donde los dos pasamos unos minutos en silencio, mientras se recuperaba.
El señor me dio la gracias por mi ayuda
desinteresada, y mirando fijamente a la capilla donde está la Virgen de las
Angustias me dijo sin yo preguntarle nada:
Si
tu supieras, si tu supieras…
-Mi padre me dijo algo que el suyo le había contado, siendo niño mi abuelo, sobre el año 1850, era uno de los muchos monaguillos de éste templo, precisamente, un día de lluvia y viento como hoy, él se encontraba como tantas tardes preparando las cosas de la santa misa.
Después de una pausa y sin dejar de mirar a la Virgen de las Angustias, aquel señor prosiguió contando su historia.
-Mira
joven, me dijo con voz entrecortada. Según le contó mi abuelo a mi padre,
aquella tarde de frío invierno sintieron bastante ajetreo por las dependencias
de la planta superior.
Ellos, los cuatro monaguillos, creyeron que el nuevo cura estaría trasteando los armarios para coger alguna sotana, ya que precisamente era nuevo y se estrenaba aquella tarde como cura en la Catedral.
Los monaguillos asustados, subieron a la
planta superior y miraron en el campanario, en el coro, en los arcones, y
cajones de grandes cómodas; incluso en el confesionario.
Al decir lo de los angelitos de la Virgen de la Correa, intuitivamente y no sé por qué, corregí a aquel señor, ¿serán los de la Virgen de las Angustias?
En aquel momento el señor volvió su cara y vi
un rostro diferente, muy distinto al que estaba en aquella Capilla en la que lo
recogí. Vi el rostro de un hombre joven
y barbudo, envuelto en llanto.
Y
sin darme cuenta lo volví a corregir:
¿serán esos dos Angelitos?
Bueno,
bueno, me volvió a decir, ahora serán Angelitos, pero en la época de mi abuelo
eran niños muy revoltosos, y por eso su madre llora con tantísimo desconsuelo.
No lo entiendo señor, le volví a repetir.
Mira,
hubo una época en la que esos dos niños eran felices y su madre mucho más, pero
quien más felicidad derrochaba era su padre, hasta que alguien se los robó a
aquellos padres, envolviéndolos en llanto para toda la vida.
Bueno, le dije a aquel señor, si son hijos como dice usted de la Virgen de la Correa, ¿cómo es que están en la capilla de la Virgen de las Angustias?
Pues
la verdad que es muy fácil, me comentó: el nuevo cura viendo que los
monaguillos no aparecían y los ruidos ahora los escuchaba él, subió a la planta
superior y todo cabreado, encontró a los monaguillos y los dos niños jugando
entre aquel revoltijo de enseres, carcoma, polilla y reliquias. A los
monaguillos le echó la bronca y a los niños los cogió de una oreja y al ser
nuevo en la Catedral, e ignorar a qué Capilla pertenecían, viendo abierta la
capilla de la Virgen de las Angustias, los metió dentro, y cerró con llave.
Desde entonces los niños lloran sin consuelo y su madre llora desesperadamente,
¡ay madre mía, a la pobre se los volvieron a quitar por segunda vez!
-Por
cierto, ¿Cómo se llama usted amigo? le pregunté.
-Me
llamo Ton, Antón.
martes, 4 de mayo de 2021
“De agricultor a minero”
domingo, 2 de mayo de 2021
LA VIDA, TAL CUAL.
miércoles, 28 de abril de 2021
Mi escuela
La escuela en la que estudiemos mi generación era muy diferente a la que conocemos hoy en día, en los años 60, la escuela empezaba el lunes y terminaba el sábado al mediodía. A media mañana, durante el recreo, nos deba a los alumnos un botellín de leche, al principio era en polvo. La edad de los alumnos de una misma clase no era la misma, dado a la gran cantidad de suspensos que había en aquellos tiempos donde la mayoría de los niños hacíamos la rabona por miedo al profesor y su castigo, y cuando terminábamos primaria, nos poníamos a trabajar, otros ni siquiera terminaban los estudios primarios.
El edificio que albergaba a la escuela pública carecía de muchas de las comodidades que los niños tenemos en los colegios actuales. Faltaba casi todo tipo de material didáctico y en muchos casos el maestro no tenía la preparación adecuada. Con estos condicionantes, los alumnos salíamos de la escuela con una preparación muy básica, siendo muy pocos los que podían aspirar a estudios universitarios.
Las clases tenían
pupitres dobles, y una gran pizarra que ocupaba parte de la perez, un
crucifijo, un mapa de España y una foto del caudillo Francisco Franco y otra de
José Antonio Primo de Rivera.
En mi estancia en el colegio las clases nunca fueron mixtas y los niños y las niñas no nos veíamos ni en el patio ya que ellas tenían uno y nosotros otro. Como único libro de texto tenía la Enciclopedia Álvarez que, con sus distintos tomos, nos educó a millones de niños. Las asignaturas impartidas eran muy parecidas a las de hoy en día, pero se le daba especial importancia a las Matemáticas y a la Religión.
En aquellos años de mi infancia existían varios colegios
en la Magdalena, pero eran tres los que albergaban a la mayoría de los niños
del barrio algunas niñas acudían a otro pequeño colegio que existía en el patio
la Iglesia, los demás niños nos repartíamos entre La Miga de piedra, Mariano
Velasco, y Ruiz Giménez, también existía otro de preescolar, El Hospitalico, en
la calle del mismo nombre.
En ambos colegios, antes de comenzar las clases, se
cantaba el “cara al sol”, se rezaba una oración; después, comenzaban las
clases, con el mismo profesor, también eran habituales los castigos, tuvimos un
profesor que castigaba poniéndonos una peseta en la nariz y sujetarla contra la
pared y las manos a las espaldas, para escribir, utilizábamos, una pequeña
pizarra con su correspondiente pizarrín, después pasemos a la pluma y a finales
de los 60 los bolígrafos BIC.
La religión tenía una gran importancia: era obligatorio
tomar la comunión e ir todos los domingos por la mañana a misa. Para comprobar
si habías ido, te preguntaban por el color que usaba el cura en la misa.
También existía el cuadro de honor donde los celebros de
cada clase estaban bien posicionados en una foto que cambiaban todos los meses.
domingo, 25 de abril de 2021
La mili de un Jienense en los Pirineos
sábado, 17 de abril de 2021
Honradez, nobleza y honestidad.
martes, 13 de abril de 2021
Jesús de los Descalzos
Hoy, sobre tu hombro
va adormecida la cruz,
y entre espinas y temblores,
ay Jesús de mis amores,
llora tu madre Dolores.
Hay Jesús de mis amores
quien pudiese se tu amigo,
y hacer el camino contigo,
para pagarte los favores
que un día tuviste conmigo.
Hoy, sobre tu hombro
va adormecido Jaén,
y entre vivas y flores
hay Jesús de mis amores
quien tuviese hoy los honores,
de ser hombro de tus dolores,
y pañuelo de tus sudores.
Miguel de la Torre Padilla
domingo, 11 de abril de 2021
Una de soldados Romanos
Fernando Lorite escribe.
Nicasio, ¿te acuerdas de la borrachera que cogiste siendo
Soldado Romano, en la procesión de Nuestro Padre Jesús?
Fernando le preguntó “picándolo” un poco para que hablara
de ello.
- Pero ¿cuál de ellas?...
En Jaén las centurias romanas que acompañaban a las
imágenes en Semana Santa, tienen su más remoto antecedente en el año 1890, en
que por vez primera desfilaron con el Santísimo Cristo de la Expiración siendo
sus fundadores, entre otros, el señor Cobo Remedios, como jefe de la misma,
Tomas y Ramon Cobo Anguita, Sotero Padin, Andrés Domínguez, Doroteo Castaño y
Jaime Roselló. Ensayaban en el carril, al pie del Castillo o en el Cantón de
Jesús. Tras la guerra civil aparecen nuevamente en el 1943, los Soldados
Romanos a caballo y a pie, así como las trompetas y tambores del Batallón
Ciclista y del Frente de Juventudes.
Nuestro hombre, llegada la Semana Santa, cogía su traje
de soldado romano y, trompeta en ristre, marchaba a la <<Posada de la
Parra>> ya desaparecida- en donde diariamente durante siete días debía de
encontrase con sus compañeros “romanos” y tras su copita de aguardiente, cogía
de las bridas aquellos viejos caballos y ¡hala!, a la procesión, de turno.
Recuerdo un año- continúo diciendo el
<<ministro>>- que como mis borracheras eran casi diarias Chaves, mi
capitán me iba a castigar sin salir en la procesión de Jesús, pero se encontró
que no tenía quien me sustituyera y no tuvo más remedio que llevarme en la
procesión, eso sí, previamente había tomado sus precauciones y me fui con él a
dormir a su casa para evitar la borrachera. A las tres de la mañana ya
estábamos en la <<Posada de la Parra>>. Así de sereno comencé la
procesión y así lleguemos hasta la mismísima Plaza de las Palmeras anta la
puerta de la Delegación de Hacienda. En ese momento se acercó mi mujer con un
puchero hirviendo de café caliente y le pidió permiso a Chaves. Me tomé lo que
mi mujer me había llevado y a los diez minutos, antes de llegas a las puertas
del <<Ideal>> Bar que estaba en los bajos del Teatro Cervantes-
igualmente demolido-, tenía una borrachera como un piano, porque mi mujer lo
que me había dado era un puchero de vino caliente que yo aproveché mojándolo
con un ochio.
¡Para que te voy a contar como se puso el Chaves ¡- El Ministro
termino su relato muerto de risa-
viernes, 9 de abril de 2021
Sentimiento.
¡Que bonitos son los jardines
qué hay en la Alameda ¡
¡Pero más bonita es la Virgen
del barrio de la Magdalena ¡
Ante Ella rezo yo.
Ante Ella rezó mi madre.
Ante Ella rezan mis hijos,
y rezó, la madre de mi padre.
¡Que bonitos son los barcones
repletos de blancas azucenas,
por donde dolido pasa el Cristo,
y llorosa María Magdalena ¡
Ante ellos rezó la abuela,
mirando al crucificado,
repleto de clavos y espinas,
y su herida en el costado.
¡Qué bonito se ve el castillo
entre pinos, almenas y su cruz ¡
¡pero más bonita es la Magdalena,
con su plaza, su Nazareno y su luz ¡
Miguel de la Torre Padilla.
El cementerio de San Eufrasio.
El cementerio de San Eufrasio.
miércoles, 7 de abril de 2021
Jaén solo hay una
Bendita sea la cruz
que altanera se alza,
y al castillo lo realza
en esta ciudad de radiante
luz.
Y Jaén rendido y postrado,
a los pies de su hermoso
castillo,
sol, Luna, plata y brillo
de esta tierra, noble y leal.
Y orgullosa la Catedral se
planta
ante la mirada aceitunada,
de mar de verde olivar
que la hace bella y señorial.
Y tú, mi sufrido Jaén,
el que venera al “Abuelo”,
el que clama y pide al cielo,
con palabras de hondo
consuelo.
Y por tus calles pasea la
sonrisa
de la mujer que hermosa
camina,
ante los rayos y radiante luz
y la brisa llegada de
Jabalcuz.
Orgullosa platea la luna,
y orgulloso llega el amanecer,
que entre nubes llega el
atardecer.
Que hace a Jaén resplandecer.
Miguel de la Torre Padilla
martes, 6 de abril de 2021
La espadaña de San Andrés
El sol derrama su fuego
haciendo la tarde muy larga,
que muere entre las tejas
y el pico de la, espadaña.
Imponente repica su campana
dejando las horas pasar,
y entre las grietas y rendijas
el sol quiere penetrar.
Los pájaros anidan en sus piedras
guardianes de tanto esplendor,
y la cal pinta de blanco
la capilla del discípulo de Dios.
La tarde muere en silencio
y la luna comienza a despuntar
dejando la sombra de la espadaña
en el aliento de esta ciudad.
Miguel de la Torre Padilla
Alfonso

Él vivía en una habitación arrendada de la calle Alcalá
Wenceslada, yo trabajaba justamente enfrente de aquella vieja casa de vecinos
en una carpintería donde solía acudir este señor a por recortes de madera para
alimentar una pequeña chimenea que había en la cocina de aquel caserón.
Alfonso era un anciano que llegó procedente de Barcelona
sin mas pertenencias que una vieja maleta repleta de fotografías y recuerdos,
muchos recuerdos, la mayoría los traía guardados en su mente.
Cada mañana lo veía caminando despacito, muy despacito
apoyando su vida y su alma en un bastón tan viejo como él, se dirigía al poyete
del casino artesano de la calle Maestra, donde cada día quedaba con algunos
conocidos, allí se sentaba y abrigado por su vieja cazadora y los rayos del
sol, cobijándose del frío, siempre hablaban de añoranzas y hazañas y tiempos
que ya nunca volverán jamás.
Aquel día Alfonso reveló a sus compañeros de tertulia que
hubo un tiempo que la confusión y la juventud lo llevó a alistarse en el
ejército y la guerra le pilló haciendo el servicio militar en África en la
misma columna que capitaneaba el generalísimo, de quien hablaba con orgullo,
satisfacción y reconocimiento.
Contaba que el general, al verle tan poquita cosa, porque
además de joven era más bien pequeño, le tomó cariño lo recogió como a un hijo
y así empezó a llamarlo, según Alfonso cuando el generalísimo lo necesitaba le
decía:
-Hijo ven aquí.
Comentaba que a su llegada al cuartel le dieron un fusil
el clásico mosquetón “Máuser 1893” pero resultó que el fusil era más grande que
él y su manejo le era tan complejo debido a su estatura que Franco viendo que
él no podía con aquel artilugio se sacó de la cartuchera su propia pistola y le
dijo.
-Toma hijo, desde hoy tú llevaras pistola y serás el
cornetín de mis órdenes.
Alfonso también era asiduo del bar Ezequiel en la calle
Alcalá Wenceslada y cuando se tomaba cuatro chatos balbuceaba solo y hablaba
siempre con ella, la mujer con la que compartió casi toda su vida, aunque lo
dejó cuando él tomó la decisión de regresar a Jaén, nunca se lo perdonaría. no
entendía porque le dejo sabiendo todo lo que la necesitaba y las pocas veces
que se lo dijo, se arrepentía de tantas cosas. que llegó a pensar que este era
el castigo recibido por esos olvidos, el castigo de esa soledad que ahora le
acompañaba a todas partes, pero a su lado ella caminaba. dormía. vivía. Para
él, sólo era una ausencia física, su mente nunca acepto esa distancia, tenía la
certeza de que sus hijos la convencieran y pronto correría a su lado para jamás
separarse, ¡pero le asustaba ese tiempo mientras se producía el deseado
encuentro! ¡podían pasar tantas. cosas! Ya que él estaba muy mayor y delicado.
Cuando hablaba de sus hazañas se le soltaba la legua y
presumía que él fue el que llevo la orden de Franco cuando destituyo al capitán
Manuel Diaz Criado que había fusilado a un amigo del General Mola, en más de
una ocasión bromeó diciendo que el mandaba en el batallón más que Franco,
porque, hasta que él no tocaba una orden, no se ejecutaba.
Alfonso todos los sábados se acercaba al taller con un
saco de esparto para que se lo llenásemos de retales y virutas para encender la
chimenea mientras aquello sucedía el sacaba a relucir su catálogo de multitud
de recuerdos y anécdotas que se agolpaban en su memoria de aquellos años que
nos contó una y otra vez y que nosotros, bromeando, llamábamos las batallitas
del abuelo Alfonso., al que cariñosamente llamábamos “El Yayo”
Pobre hombre, mientras caminaba observaba la lentitud de
sus pasos y se daba cuenta como sus piernas a cada momento eran más incapaces
de sostenerle, sus manos temblorosas ya casi no podía controlarlas, sentía la
frustración de llegar casi siempre tarde al baño, no podía entender como había
podido llegar a ese deterioro en tan poco tiempo, y sus ojos se humedecían, y
con ese temblor que ya casi no podía controlar. sacaba un pañuelo de su
bolsillo y como podía los limpiaba torpemente.
Miguel de la Torre Padilla
lunes, 5 de abril de 2021
El amor a los animales
















