Ecos del Santo Reino se crea con la única intención de darme a conocer, solo pretendo poner una pincelada más al patrimonio literario de mi querida tierra Jienense.
Las imágenes que uso en este blog son tomadas de Google, en caso de que alguien se sienta invadido por favor hágamelo saber que serán retiradas de inmediato.




lunes, 8 de enero de 2018

La pistola




Esto que a continuación cuento, no recuerdo si lo viví o lo soñé o hay una mezcla de ambas cosas.
De niño fui monaguillo, uno de esos pillines que abría la alacena para meter el hocico en la botella del vino, ¡madre mía qué lingotazos le pegábamos a la botella! En unos de los rincones de la parroquia, los monaguillos teníamos una caja de zapatos con una pareja de ratones blancos, muy usual en aquellos años, una tarde al llegar nos dimos cuenta que los ratones habían desaparecido, agujerearon la caja y desaparecieron. 
Mi Parroquia tenía un altar con un crucificado, un nazareno y una dolorosa, también tenía un Cristo preso y entre varios santos, una santa que le daba nombre a la Parroquia y al barrio. 
En aquellos años la Parroquia estaba algo diferente a hoy, tenía pulpito donde el cura se subía a dar las charlas o sermones, y la sacristía en otra ubicación diferente a la de hoy en día y todo estaba mucho más viejo a conforme está actualmente. 
En cierta ocasión el cura párroco andaba desesperado, en la Parroquia habían comenzado a deambular una serie de incómodos ratoncillos que aparecían en cualquier sitio o lugar en los momentos más inoportunos. El pobre no sabía qué hacer, había probado a poner pequeñas cantidades de raticida que compró en la droguería del barrio. Pero todos sus esfuerzos habían resultado inútiles. Los ratones surgían en cualquier momento y a cualquier hora.
Sentado en su mesa de la sacristía el cura se llevaba constante mente las manos a la cabeza 
-No sé qué hacer, me tienen los ratones muy cabreado.
Los fieles que acudían a la parroquia comenzaron a sufrir tantos sobresaltos encadenados que la asistencia descendió a niveles insospechados. Abatido y sin soluciones humanas, el cura decidió acudir al obispo para contarle la terrible desgracia que asolaba a su Parroquia. El obispo, con una sonrisa paternal, le sugirió que avisase al cualquier albañil del barrio ya que era un barrio obrero y tapase los agujeros de toda la Parroquia y sobre todo de la sacristía. Y el párroco marchó con la convicción de haber hallado la respuesta al problema. 
Pero al cabo de algunas semanas tuvo que volver a visitar al obispo el cual le dijo que la semana que viene pasará por la Parroquia para dar alguna solución más eficaz.
La visita del obispo no tardó en hacerse y aquella misma tarde el cura y los tres monaguillos estuvimos haciendo limpieza en la sacristía. 
De repente el cura me llamó y me dijo:
-Toma esta bolsa y escóndela mientras viene el obispo y que nadie la vea>> me dio una bolsa de tela con algo dentro yo creía que era un zapato.
Justamente por debajo de la parroquia había una casa derrumbada por donde corría un pequeño arroyo de agua y una cueva que daba al patio de un colegio. Allá al fondo de la cueva escondí la bolsa de tela, y cosa de niño, primero abrí la bolsa para mirar lo que escondía,
-Madre mía, una pistola de verdad .
Me senté en una piedra y la trastee durante un buen rato, le saque el cargador que por cierto estaba vacío, y dispare todo lo que pude, no recuerdo a que disparaba pero sí que recuerdo que decía: Muérete, muérete. 
Asustado levanté algunas piedras y escondí la bolsa debajo de ellas, después en vez de regresar a la parroquia me fui a mi casa.
A los pocos días estando en la escuela me llamaron a dirección y mi sorpresa fue que estaba el señor cura en el despacho del director:
-¿Que te pasó que no volviste a la parroquia?
-Es que me puse malo.
Era la excusa que antes se usaba para una justificación:
-Bueno, ¿dónde está eso?>> pregunto el cura.
-La tengo escondida en la cueva
Se levantó de un salto y dijo:
- ¿Qué hiciste? ¿Mirar lo que había dentro? 
-Sabes que tienes un pecado que nadie te quitará.
 En aquel momento me eché a llorar y cogiéndome de una oreja me dijo:
-Ahora mismo me vas a llevar a esa cueva y desgraciado de ti como no esté la bolsa allí.
A la cueva se entraba por uno de los patios del colegio, el ascenso era a través de un pequeño charco de agua y unas matas de juncos, nos pusimos los zapatos llenos de barro y Don….se puso los bajos de la sotana hechos una mierda, constantemente me insistía:
-Te la deberías de haber llevado a tu casa, mira como me estoy poniendo.
La verdad que ya no me acordaba exactamente en qué lugar de la cueva la escondí y aparte alguien había encendido una lumbre precisamente en el lugar que yo creía haber ocultado la bolsa, revolvimos todos y no encontremos nada, me cogió fuertemente del brazo y me dijo 
-Como no aparezca la bolsa tu padre ira a la cárcel.
En aquel momento pegué un estirón y salí corriendo, estuve algunos días haciendo la rabona en el colegio y dándole de lado al cura cuando lo veía.
Poco a poco aquello se olvidó la cueva, la derrumbaron para hacer una casa y una calle nueva, quedando una historia oculta. Luego me enteré que esa cueva había sido un horno árabe o romano.

lunes, 1 de enero de 2018

Recordando a Pablo III




¡Cuánto echo de menos al amigo  Pablo!, parece que lo estoy viendo con su caminar, con su paso firme.  Nunca le sobraban las palabras. Era un hombre introvertido, agarrado a sus pensamientos, absorto en los recuerdos que le habían ido dejando una vida larga y llena de dificultades.
Recuerdo que un sábado por la tarde  bajé a la residencia y lo encontré en los jardines sentado, todo emocionado escuchando una corrida de toros por el transistor. Lo acompañaban sus recuerdos y el humo del tabaco. El cigarrillo formaba parte de su personalidad como un trozo de su cuerpo, estaba tan hecho a él que tenía un surco entre los dedos y una mueca en los labios. Fumó desde que era un niño,  sin tregua, con esa clase de eternos fumadores que tenían los hombres de antaño y como tal nunca se miró a un espejo: 
-Pablo, ¿qué haces?
-Aquí, toreando.
-Toreando.
-Si toreando, yo es que toreo con la vista.
-¿Sabes Miguelillo, que el tío Pablete, mi padrino, era torerillo? Se dedicaba a ir por los pueblos dando novilladas, mi madre decía que era el más  rebelde, el más rojillo de  la familia.  aun andará en alguna cuneta enterrado, él quiso continuar la guerra con la guerrilla. No sé si por amor de hermana, pero mi madre siempre nos dijo que  era el más guapo de todos mis tíos.
-Su buen porte de joven le valió en Jaén el apodo del "Chulapo" porque después de torear en un pueblo de Madrid llegó a Jaén  vestido con un impecable traje de chaqueta y un envidiable aspecto. ¡Menudo era mi tío!, tenía alteradas a todas las mozas. 
-¿Entonces no supisteis nada más de él?
-Que vaaaa, mi madre preguntó, y le comentaron que lo pillaron y lo fusilaron.
-¡Madre mía, que dura fue  la guerra!
-Escucha lo que te voy a decir Miguelillo, teniendo yo unos diez o doce años estábamos al comienzo de la  guerra y mi padre, a pesar de sus ideas, decidió no ir a luchar por voluntad propia pero al mismo tiempo fue obligado a luchar con el bando republicano.
-Contaba mi padre que el día a día era muy duro, que la gente vivía con miedo, con inseguridad, que parecían nómadas, que se escondían en las cuevas del castillo y eso no era vivir. Los campos no daban cosechas y la poca que había se la llevaban los soldados, una vez los nacionales y otras los republicanos y él se veía obligado a robar en las huertas colindantes.  
-Ese año por Navidad  fuimos a ver al “duende” el que estaba escondido en el sótano de la Eufrasia  y me dijo que él conoció a Franco,  decía que tampoco era tan malo como lo pintaban, que tenía sus propias ideas, que era de mente cerrada, cazurro y muy de lo suyo, también decía que fue muy cabrón al  bombardear Jaén, aquel día decidió  desertar.
­-Aquella noche del 24 de  Diciembre fue demasiado  larga y fría, casi toda la familia cenemos  en casa de la tía Eufrasia.  Tu padre y yo, que éramos los más pequeños,  nos fuimos a la cama , después de la cena. A pesar de estar en guerra y haber tanta hambre, no sé de dónde sacaron un “choto”, tus abuelos lo cocinaron en el cortijo, para que no oliese y los vecinos no le diesen a la lengua. 
-Después de la cena, los hombres decidieron salir a tomar unas copas por la Magdalena y el “duende” se empeñó  en irse con ellos: con mi padre, tu abuelo, tu tío Juan de Dios y el tío Pedro, hermano de tu abuelo.  
-La verdad que no se a la hora que vinieron los hombres, pero me despertaron unos lamentos y un quejido, que nunca se me olvidará, di un salto de la cama y tu padre ya estaba mirando por la ventana.
-¿Que pasa Ramón?  shhhh, calla, calla, habla despacio. 
-En aquellos momentos  vimos una silueta que  arrastraba los pies, como si  llevaran una losa encima, no podían con su alma, aquella silueta  cayó al suelo en la mismísima puerta de la casa y pidiendo auxilio. Y en voz baja pedían que le ayudaran.
-En la sala baja de la casa se murmuraba que era el “duende” el que pedía auxilio pero todos tenían miedo por si acaso era una trampa y acababan todos en la cárcel.
-Miguelillo, en aquella casa, todos eran comunistas, hasta las mujeres que tenían un par de cojones, ya que  dos de tus tías estaban en la guerra.  Eran tan angustiosos los quejidos que se oían, que pudieron más que las consecuencias que pudiera tener, apagaron la luz y muy despacio fueron abriendo la puerta de la calle y como a un metro de distancia, delante de la casa, había un hombre tirado en el suelo. Tu abuelo que era un borrico lo cogió  de un puñado, se lo echó al hombro y lo entró en la casa. Tenía la cara y el cuerpo desfigurado, machacado por los golpes, estaba sangrando mucho. Como pudieron lo bajaron al sótano donde él tenía su escondite y lo tumbaron en su cama, tu abuela en aquel momento murmuró:
-Sacad a los chiquillos de aquí, que no vean estas cosas.  
 -¡déjalos –dijo mi padre- y que vallan sabiendo lo que es la vida!  
 - Cuando le quitaron la camisa parecía un santo cristo, tenía todo el cuerpo morado por los golpes que le habían  propinado con tanta saña. El tío Pedro murmuró:
- Esto es cosa del tendero, esto es cosa del tendero, me cago en “tos” sus calostros.
-Nosotros nos arrinconemos y los demás murmuraban de venganzas y no sé de qué cosas más, entre todos lo lavaron y curaron y le preguntaban que quien había sido. Él entre lenguas le decía que no sabía quién eran, ni qué le había pasado, no  se acordaba de nada, solo repetía y volvía a repetir que había estado en la calle Cruz Verde y que mañana vendrán a por todos vosotros. 
-Aquella noche de navidad fue demasiado agitada, tu abuelo se volvió a echar al duende al hombro y en la oscuridad de la noche  todos los de la casa nos fuimos calle abajo hasta llegar al Arrabalejo donde vivía un familiar de tu abuela Josefa, imagínate aquel familiar era guardia de asalto y según tu abuelo tenia porque callar. 
-Aquella familia solo murmuraba en el lio que lo estábamos metiendo.    
-Rápidamente lo acostaron y lo dejaron descansar, al otro día cuando despertó, estaba muy desorientado, no sabía dónde estaba, al intentar levantarse, se mareó y cayó, poco a poco fue tomando conciencia de lo que le había pasado y la abuela le dijo dónde estaba, y lo grave del suceso.
-Le volvió a curar las heridas, le dio un poco de sopa caliente para que recuperase las fuerzas  ya que estaba muy débil, cuando  se había recuperado un  poco, comenzó a relatar lo sucedido, pero todo lo suyo era que quería abandonar el país, que nuestras vidas  corría peligro si él estaba entre nosotros.
-Date cuenta Miguelillo, el “duende” era prófugo de los Nacionales y lo buscaban como aguja en un pajar.
-En aquella casa estuvimos unos días escondidos, aquella familia vivían sin preocupaciones y todo lo suyo era murmurar, en el lio que los habíamos metido.
-Al cabo de unos días apareció tu abuelo con una bestia lo cargó y lo bajaron al cortijo.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Pesares.




Quiero tener su amor
entre cortijos y olivares,
entre parras y arenales
entre jilgueros y matorrales.

Abrázame “Candela”
que vengo harto de vino,
y tropecé por el camino
con la rubia de la callejuela.

Y me quiso dar su amor,
como me lo dio de mozuela,
y con un fandango le conté
que para amor ya tengo a “Candela”

No me llores por favor
no agraves mis pesares,
que soy preso de los olivares
y mañana seré de los trigales.

Quiero tener su amor
aunque me cueste los pesares,
de verla hecha una flor
cogiendo el fruto de los olivares.

martes, 5 de diciembre de 2017

Llorando está el niño






























Lava que lava la Virgen,
la Virgen lavando está,
que lavará la Virgen,
Que el arroyo blanco va.

El agua la va salpicando
y el Niño llorando está,
lava que lava la Virgen
entre aguas de cristal.

Llora que llora el Niño
y la Virgen lavando esta,
quien callará a ése niño
flor del más puro rosal.

Lava que lava la Virgen
entre el molino y el portal,
los peces bajan saltando
queriendo su cara tocar.

Llora que llora el Niño
entre las tablas del portal,
quien callará ese llanto
mientras la Virgen lavando está.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

A María Santísima





















Madre si por ti sólo suspirara,
de consuelo mi alma rebosaría,
y mil veces dichoso yo seria,
pues sólo a ti, Princesa mía, amara.

Entonces, Madre, ¡cuánto te agradara!
mi corazón por ti palpitaría
y entonces… ¡qué consuelo! ¡qué alegría!
que mi pensamiento en ti se ocuparía.

Tú, Virgen Pura, a mi alma enamoras.
Tú eres mi amor, mi dulce anhelo,
Tú conduces mi alma al cielo…

Sí, al cielo, donde tú siempre moras,
¡Oh dulce Madre de Misericordia!
¡Refugio de paz, Puerta de Gloria!

La primera Comunión

























Ya no saben lo que inventar, ahora está de moda la comunión civil.
El nuevo método de sacar dinero tontamente, ahora han decidido inventar la comunión civil porque la religión católica a mucha gente le importa una soberana mierda,
Parece ser que ahora lo nuevo es disfrazar al niño o niña, echarle unas fotos ridículas y que acepte como su salvador a algo o alguien que a ese chaval no le importa lo más mínimo una comunión en la que no se sabe muy bien con qué se comulga, a que se acepta y en definitiva, para qué sirve más allá de ser una excusa para juntarse en un restaurante y ponerse hasta el culo de chuletone

domingo, 5 de noviembre de 2017

Al pie de la cruz




Sus ojos son manantiales
que brillan a contraluz,
reflejando en la misma cruz,
los lamento de sus dolores.

Su cara es la humildad,
la trasparencia del dolor,
que muere dando amor
al pie de tanta bondad.

Transida la mira el lucero
cobijando tanta pureza,
que agoniza en la tristeza,
de los clavos y la pobreza.

Y llorando Ella suspira,
entre lágrimas navegando,
y el corazón palpitando
en excelsa ternura.

Su cara es el claro reflejo,
de sus labios suplicantes,
y esos ojos reflejantes
de una humildad desbordante.

Y con Ella, llora en silencio,
el barrio que la cobija,
bajo una luna hoy callada,
que se siente como Ella, desdichada.

Miguel de la Torre Padilla.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Día de Todos Los Santos

  1. Ayer estuve en el cementerio, por desgracia no hay un puñetero asiento, para sentarse y reflexionar entre los que se fueron y no volverán.
    Entre el deambular de la gente, el ajetreo de escaleras y puestos de flores, me paré a pesar, llegando a la conclusión de que la puñetera tumba nos está esperando a todos, absolutamente a todos, a los que tienen miedo a la muerte y a los que no le tenemos miedo, allí quedaremos, helados y fríos, y en la triste lapida pondrán nuestro no...mbre, y un epitafio recordará el año en que nacimos y en el que partimos, que duro es pensarlo, y más sabiendo que quedaremos despellejados y consumidos; que no quedará ni la más mínima mortaja mucho menos el pelo, quizá los dientes; allí quedará todo lo malo que hicimos en vida y aún las cosas buenas; pero por lo menos estas prevalecerán en nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
    ¡Qué triste es vida, que injusto es luchar por algo y cuando lo tienes y crees que vivirás eternamente te mueres, dejando todo un camino de sufrimiento, padecimiento y sacrificio!
    En los cementerios nos juntamos todos: pobres y ricos, de diversas culturas y partidos políticos, nos unimos diferentes razas; profesionales y jornaleros; aquí no hay distinciones de clase social, de colores políticos, de religión, de sexo; aquí es por partes iguales aunque nos pongan las mejores flores, las mejores estatuas o las mejores placas o cruces; aquí no hay diferencia porque muertos no sentimos nada, no recordamos nada por eso debemos pensar en tener una vida mejor y gozar de una verdadera convivencia con nuestros hermanos los humanos. Dios nos guarde a todo.

lunes, 30 de octubre de 2017

Recordando a Pablo.




Hace un par de años en la tarde noche de Todos los Santos, bajamos a la residencia para hacer una visita a Pablo.
En un momento de aquella visita, una de las señoritas encargadas de cuidar a los ancianos propuso que siendo la Noche de Todos los Santos, que si alguien quería contar una historia de miedo que podía hacerlo, ya que a todos nos encantaría. Pablo levantó la mano y la señorita le replicó: - ¿Usted quiere contar alguna?; Pablo le dijo que sí pero que era una historia real, la señorita le contestó: - Pues mucho mejor, esas son las más interesantes, adelante Pablo no tenga miedo. Pablo le contestó: Yo miedo no tengo, miedo tenía mi abuela el día que me la contó.
Pablo comenzó diciendo que siendo su abuela joven un hombre llego el cortijo pidiendo auxilio pasada la media noche, una noche de lluvia y viento, una noche sin luna, donde los arboles agitaban sus ramajes como queriendo atraparte, aquel hombre llego a la puerta dando golpes de desesperación, el padre de mi abuela cogió el candil quito la retranca y abrió la puerta, en aquel momento un hombre alto y recio se derrumbó a sus pies pidiendo clemencia.
Pablo siguió contando que el padre de su abuela lo invito a pasar dentro de la casa donde lo atendieron y limpiaron las heridas que traía en el rostro y cuello. El hombre les conto que era un escribiente llegado de Madrid y andaba buscando a una familia para darle unos papeles referentes a una herencia, el hombre les conto que estaba acostumbrado a pasar las noches a la intemperie y casi siempre cabalgo en solitario por los campos de toda España y nunca el frio ni el calor lo había detenido, aunque esa noche era diferente, el frío, la lluvia y el viento de aquellos parajes de “Barranco Hondo” le hacían temblar las piernas sobre su cabalgadura, al punto que comenzó a buscar un refugio donde pasar la noche y rogaba al cielo que le diera una señal, algo que lo guiara dado que la llovizna amenazaba con transformarse en un diluvio perfecto y en ese momento se sintió un poco desorientado. Por su mente pasaban imágenes sombrías, el tiempo por momentos parecía detenerse, y en un esfuerzo por mantener su cordura, toda su atención se dirigía al camino. Pensaba muy bien cada paso, sin detenerse fijó un rumbo y de manera decidida dirigía su montura hacia un punto donde su instinto de supervivencia lo dirigía.
Aquel hombre buscaba un cortijo en concreto en el paraje de “Barranco Hondo”, cuando creyó oír un llanto lejano, un llanto sobrenatural, que le hizo crispar los pelos de la nuca, era un llanto desgarrador de un niño que se escuchaba a lo lejos. Su caballo al parecer recibiendo el nerviosismo involuntario de aquel hombre, emitió un relincho largo y agudo y por un momento que pareció eterno, se escuchó de fondo un trueno ronco y grave que pareció estremecer la tierra a varios kilómetros a la redonda,.
El hombre acostumbrado a la soledad y las inclemencias del clima se repuso de su temor instintivo, ese temor que más que miedo era una señal que despertaba todo su instinto de supervivencia y que más de una vez le había salvado la vida, como aquél día que de un sobresalto había logrado esquivar el asalto de un lobo hambriento, que se había acercado mientras dormía la siesta al calor abrazador de un verano seco e implacable, en los campos de Castilla.
Volviendo a nuestro relato, una vez repuesto de esa sensación fría y recelosa, encamino su caballo hacia el lugar que había escuchado el llanto y vislumbro a unos cientos de metros una casa en ruinas. Mientras se acercaba por momentos creía escuchar ese llanto que hace instantes había creído oír, y otras veces solo se escuchaba el sonido sordo de la llovizna interrumpida solo por las ráfagas constantes del viento helado que castigaba toda aquella zona.
A medida que se acercaba podía ver en más detalle esa casa en ruinas. Decir casa era demasiado, era un cortijo casi deshecho, desvencijado sin puertas y con un techo de adobe caído hecho jirones, se podría haber adivinado que algo había sucedido en ese cortijo, tenía vestigios de haber sido presa de algún incendio sofocado casi a tiempo, pero que había dejado marcas en las paredes, el fuego no había alcanzado a consumir la totalidad de la precaria vivienda, pero le había dejado grandes rastros de su paso, una negrura permanente en las paredes casi deshechas.
Estando a unos pocos metros de la casa, el viento repentinamente se detuvo, dejando el sonido una vez más, sordo de la llovizna que caía plácidamente.
Con el silencio ya arraigado, se pudo escuchar el llanto en cuestión, ¡Sí! Era real, era un llanto de un niño pequeño. El hombre ya estaba convencido que no lo había imaginado, se acercó casi al galope, descendió de su montura y se adentró en ese cortijo en ruinas.
Cuando atravesó lo que habría sido una puerta el llanto paró, tuvo que detenerse para intentar descifrar de donde había venido. Fue entonces que grito:
¿Hay alguien ahí? – y nuevamente – ¿Quién vive en esta casa? -.
Pero el silenció reinó durante varios segundos infinitos.
Comenzó a moverse por entre los escombros, no podía pensar en otra cosa más que ese lugar no era un lugar para pasar la noche, tampoco era un lugar adecuado para estar con un niño. Las paredes parecían sostenerse solo por una fuerza débil invisible que de alguna manera hacía que el cortijo no se derrumbara con el movimiento del viento que hasta hace instantes parecía furioso y helado, decidió explorar y comenzó a moverse para buscar en las otras habitaciones, cuando de repente escuchó muy vívido el llanto nuevamente, en una habitación contigua.
Corrió desenfrenado y lo encontró… en un rincón oscuro y protegido de alguna forma por un pedazo de techo aún intacto, una canasta con un niño bien envuelto.
Estaba solo, solo e indefenso en esa canasta bien ataviada, y bien cubierta, alguien debía estar ahí con ese niño! Quién sería el insensato que lo había dejado allí. Volvió a gritar esta vez con más fuerza: ¿Dónde estás? ¿Quién está con este niño? Lo repitió un par de veces con fuerza, pero nadie respondió.
Se apresuró a levantarlo de la canasta para cerciorarse que estuviera bien.
El niño de aproximadamente un año de edad tenía cabellos dorados y estaba con las mejillas rojas de tanto llorar, con los ojitos llenos de lágrimas y con carita de desesperación, pero en cuanto lo vio, cambio su llanto, esta vez un llanto lastimoso, como buscando un consuelo en el calor de otra persona.
Lo acunó contra su pecho, todavía conservaba el calor ese cuerpito que quién sabe desde qué hora estaba solo, había luchado bastante con su atavío porque su ropita estaba un poco desordenada, pero estaba bien.
El instinto paternal del hombre, que sabía lo que significaba el calor de un niño contra su pecho, pues era padre de 2 hijos, lo hizo abrazar con fuerza y ternura a esa pequeña criatura abandonada.
Comenzó a pensar que haría, que hacer en esa situación, el niño que había mutado su llanto ya casi no lloraba, y ahora lo miraba con curiosidad y jugaba con su bufanda.
Mientras lo tenía en brazos habló en voz alta: ¿Quién es tu padre o tu madre? ¿Que ser tan insensato te ha dejado abandonado en esta ruina? ¡Y con este frío! ¿Quién puede abandonar a su suerte a este niño tan pequeño?
No alcanzó a terminar la frase, cuando el niño en sus brazos mutando de una manera horrenda y diabólica le clavó las uñas en el rostro, con una voz maléfica le respondió: ¡¡¡Si soy pequeño, pero tengo estas garras para clavarte!!! Lanzando una risa diabólica que retumbó en las paredes marchitas de todo el cortijo, mientras hacía un intento frenético por continuar desgarrando la piel del cuello y la cara de aquel hombre, proponiéndole además un abrazo maldito con unos brazos deformes y retorcidos.
El hombre apoderado de un miedo atroz sacó fuerzas y logró desprenderse de aquel abrazo infernal que le proponía la pequeña bestia. Logró arrojarlo a unos metros de distancia y con el rabillo del ojo alcanzó a ver cómo el engendro mientras caía se transformaba en un bulto de harapos podridos y secos, mientras la risa diabólica aún se escuchaba retumbando en las paredes del lugar.
Corrió por su vida hacia su montura, su fiel montura que lo esperó paciente aunque asustado de los ruidos del lugar. De un salto ya estaba galopando bajo la lluvia y bajo el viento helado que volvió a arrasar con el lugar.
El hombre corrió y corrió hasta llegar a la puerta de mi bisabuelo donde a base de golpes llamo pidiendo auxilio.
En ese preciso momento la señorita interrumpió a Pablo diciéndole que se había echado la hora de la cena encima y que otro día seguiría contando su escalofriante historia.

La noche de todos Los Santos

  1. Recuerdo, que la mayoría de las veces acompañaba a mi abuela al cementerio de San Eufrasio, donde hoy está ella junto a mi abuelo Paco, me gustaba ir con ella de la mano, con el cubo y los trapos para limpiar la lápida de mi abuelo que estaba y sigue estando en la quinta plata del patio de San Juan, recuerdo que cierta vez que fuimos, nos pilló un chaparrón en el cementerio y nos refugiemos en la vivienda de la cuidadora, que era amiga de mi abuela, y entre charla y charla se... contó una historia de miedo, aquella historia había despertado en mí un cierto respeto a los espejos, y durante mucho tiempo los evitaba, temiendo que el Príncipe de las Tinieblas, empujado por mi vanidad, se dignara a hacerme una visita valiéndose del mismo medio, contaba aquella mujer de los peligros que encierran los espejos. En ella narraba como una niña, demasiado presumida, se pasaba las horas frente al espejo, pavoneándose y admirando su belleza como si de el mismo Narciso se tratase. Tanta era su obsesión por su belleza que finalmente se le apareció Satán reflejado en la luna del espejo. La pasión de la niña lo había atraído desde los infiernos para que le vendiese el alma, a cambio de la juventud y hermosura eterna.
    En estas fechas dignas de mención son la ambientación y las actividades propias de los días de Los Santos y Difuntos que se realizan ahora, y otras tradicionales que caracterizaron estos días en nuestro entorno, pues los fríos otoñales traen aparejados los rituales relacionados con los muertos y el más allá. Todo empieza a finales de octubre con la limpieza y arreglo de las tumbas en el cementerio. Al llegar el día primero de noviembre es de rigor acudir al camposanto a visitar las citadas tumbas. En el camino del cementerio se instalaban puestos de flores, y la gente iba y venía a lo largo de toda la jornada. Cuando anochecía, reunión familiar para tomar las típicas gachas, mientras las campanas de las iglesias doblaban con toques de difunto durante toda la noche.
    En aquellos años donde se juntaban, abuelos, tíos y primos al llegar la oscuridad nocturna, era costumbre revivir los recuerdos de fantasmas, duendes y aparecidos eran contados junto al brasero, iluminados sólo con la temblorosa luz de las mariposas, candiles y velas que ardían en memoria de los seres queridos que ya no estaban en este mundo.
    Entre estos relatos, siempre citaba mi abuela las visiones de antiguos fantasmas del castillo, apariciones y cuentos de viejos, todo un repertorio que gustaba, emocionaba y nos asustaba a los niños, sensibles criaturas que pasábamos varios días afectados por los cuentos de miedo, oscuros temores disipados poco a poco conforme pasaba el tiempo y se acercaba el alegre tiempo de la Navidad, que por cierto ya está a la vuelta de la esquina.

martes, 5 de septiembre de 2017

El accidente


La distancia entre su trabajo y su casa era escasamente unos cinco kilómetros que habitualmente los hacía con una vieja bicicleta que le regaló un amigo que retornó a sus Asturias querida, el asturiano y el andaluz son personas que añoran mucho su tierra.
A principios del año 1963, un conductor de origen yugoslavo giró bruscamente hacia la derecha llevándose por delante y dejando maltrecho a un ciclista oriundo de Jaén.
Los hechos acaecieron en Essen, una ciudad Alemana repleta de emigrantes de diferentes culturas procedentes de varios países europeos donde predominaban los españoles, turcos, y yugoslavos.
En aquellos tiempos la ciudad vivía del carbón, por lo cual su mayor fuente de ingreso era la minería, necesitando mucha mano de obra y allí se fue mi padre y un grupo grandísimo de jienenses y allí al tiempo se llevó mi padre a su familia. La ciudad de Essen estaba y está bañada por el caudaloso río Rin que al ser yo un niño lo comparaba con el mar.
Supongo que el golpe debió ser tremendo, por el estado en que quedó la bicicleta, la luna del coche y mi padre, que según contaba le chorreaba la sangre por la cara, se levantó del suelo, miró hacia atrás y vio el desastre, el conductor no hizo ni el gesto de bajarse.
Las manos le ardían, las rodillas le escocían como si le hubiese salpicado aceite hirviendo. En su garganta atenazado, había un grito que el conscientemente se había negado a liberar. Lo que más le dolió fue el estado de la vieja bicicleta, el único medio que tenia de ir al trabajo, su vida había sufrido un varapalo, se dio la vuelta, miró su bicicleta que hasta hace un rato estaba nueva, y descubrió el ocho en que quedó, el guardabarros fuera de la rueda, el manillar torcido, el sillín partido, la cadena fuera, el faro echo mistos y uno de los pedales perdido, se sacudió el polvo del que se había llenado toda su ropa descubrió los rotos en los pantalones, sangre en la palma de las manos y magulladuras que en el primer momento no había notado. Las lágrimas habían dejado en sus mejillas curtidas un sendero con un churrete que le llegaba hasta la barbilla, la sangre de sus manos había manchado su camiseta, mientras él pensaba que estaba herido gravemente y su familia no sabía nada. Contaba mi padre que el yugoslavo se bajó muy lentamente del coche, ni tan siquiera lo miró ni preguntó, se echó manos a la cabeza y gritó haciendo gestos de culpabilidad hacia mi padre, todo esto ocurrió a dos minutos andando de la residencia propiedad de la mina donde vivíamos los familiares de los trabajadores.
En aquellos tiempos no sé qué clase de policía existiría porque al llegar y ver que eran dos extranjeros y ninguno se aclaraba decidieron irse y dejar el asunto en manos de los implicados.
Mi padre armándose de valor cogió su bicicleta y cojeando emprendió el camino hacia una fuente cercana para echarse un poco de agua en la herida de la cara y liarse el pañuelo en la rodilla, mientras el yugoslavo seguía mirando su Mercedes y le gritaba a mi padre haciendo gestos con las manos de que debía pagarle el desperfecto del coche. Mientras mi padre se lavaba en la fuente, el yugoslavo cogió la bicicleta la metió en su coche y desapareció.
Mi padre se echó agua en las rodillas ya que le escocían muchísimo, cuando tuvo el pantalón arremangado, pensó en la menuda costra que le saldría, lo que ni padre en aquel momento no sabía los días de dolor y de cama que le esperaban sin poder moverse, como él decía, parecen que me han dado una paliza.
A los pocos días apareció por la residencia el yugoslavo con un intérprete queriendo hacer un trato o pacto, que si quería la bicicleta debería de pagarle la luna de su coche, mi padre le respondió que si quería que le pagase la luna que le devolviese la bicicleta nueva.
Moraleja, según mi padre “para tirar yo la bicicleta que la tire él”.
PD. Mi padre cuando se refería al yugoslavo siempre decía el “guyolavo”.

sábado, 2 de septiembre de 2017

El concurso


En aquellos años de mi infancia, cuando solamente la radio era el aparato más avanzado del mercado, solía tener un lugar destacado o el más destacado de la casa.
Eran los tiempos en que las familias se reunía en torno al aparato de radio e invitaban a los vecinos que aún no las poseían para oír y escuchar las novelas, el parte y aquellos discos dedicados, que se solicitaban por carta para dedicarlos en los cumpleaños, en las comuniones, bodas, en tiempos de exámenes, en las marchas al servicio militar, en un enfado entre parejas, y otros motivos más, entre los discos más solicitados estaban los de Juanito Valderrama.
La radio era el principal medio de comunicación y recuerdo que por el año 68 o 69 en Radio Jaén hubo un concurso de redacciones escolares para niños de doce o trece años y el tema era libre, la mayoría de los colegios participaron, cogiendo el concurso un auge muy importante ya que a diario el señor locutor, Don Indalecio Morales, leía varias cartas las cuales iban pasando para el concurso final, las que no se leían las iban descartando y cayendo en el pozo del olvido, normas del concurso.
El colegio Nacional Ruiz Giménez, decidió participar con los niños del curso 7ºA que es donde yo me encontraba en el año 69, recuerdo que nuestro profesor eligió un tema para la redacción y las mejores las mandarían a la radio.
El tema como digo lo eligió profesor lo cual ya dejaba de ser libre como anunciaba la radio, el profesor eligió un tema sencillo, pidió que le escribiésemos una carta a Juanito Valderrama, maestro del cante flamenco e ídolo de aquellos años en los que triunfaba con su canción “El Emigrante” y “La Primera Comunión”.
Para tal evento nos dieron toda la tarde de un determinado día, que ya no recuerdo.
Tuve la suerte de que mi redacción fuese elegida junto a otras para mandarlas al concurso radiofónico, recuerdo que también eligieron la de un primo mío que cursaba en la misma clase. Llegando el día señalado, Don Indalecio Morales leyó para desilusión nuestra la carta de un compañero llamado Antonio… que a los pocos días recibió del colegio un diploma como agradecimiento a su colaboración, y también pusieron su foto en el cuadro de honor.
Los días siguientes a la entrega del diploma nuestro compañero se hartó de restregarnos el diploma y su buen saber hacer, la guinda la puso otro compañero que descubrió la carta original en el cajón de la mesa del profesor.
Supongo que las cartas que le escribimos no valdrían la pena y el profesor retocaría la de Antonio, y ese sería supongo, el motivo de ser la mejor.
En casa de mi abuela recuerdo que le contamos el caso a un primo nuestro mucho mayor que nosotros y tuvo la brillante idea de escribirle una carta al famoso Antonio.
Cuando se terminó de escribir la carta se le puso un sello y se la mandemos por correo.
Os cuento parte del contenido de aquella carta que comenzaba con un: “Estimado Antoñito soy Juan Valderrama y me complace felicitarte por tu estupenda carta y los halagos recibidos por parte tuya”, unos renglones más abajo dejemos caer “la bomba” con una repercusión que se nos fue de las manos, en aquellos renglones el presunto Juan Valderrama le prometía que dentro de unas semanas vendría a Jaén a visitar a su familia que vivía en la Magdalena y se pasaría por el colegio para hacerle una visita, conocerlo y entregarle un regalo.
Antonio se paseó con la célebre carta por todo el colegio, restregándonosla por nuestras narices y guardándola como oro en paño.
La dichosa carta cayó en manos del profesor que la estuvo leyendo y releyendo y viendo la magnitud del evento decidió bajas con la carta a dirección, a los pocos días llegaron unos pintores para pintas la clase, la única en todo el colegio, también se pintó el despacho del director y en la entrada al colegio pusieron varias macetas, muchas casualidades no creéis.
Bueno ahora os digo que hoy se está levantando la verdad de por qué Juan Valderrama nunca fue a Ruiz Giménez a visitar el colegio y a su alumno Antonio. Algo parecido a la película
BIENVENIDO, MISTER MARSHALL.
P.D. Antonio si conservas la carta ya la puedes tirar, es falsa.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Una joya en la Iglesia de mi barrio.



El cristo del Corpus obra de Jacobo Florentino, realizada en madera de nogal policromada y estofada, dorada en algunas zonas al agua y en otras al aceite, y con aplicación de elementos de plata y brocados en las vestiduras.
JACOBO FLORENTINO
(Florencia, Italia, hacia 1456-villena, alicante, 1526). Pintor, escultor y arquitecto. Jacobo Torni se da a conocer en Andalucía bajo el nombre de Jacobo Florentino, que ofrece una idea clara de ...su procedencia, en nuestro barrio podemos disfrutar de un grupo escultórico que es lo único que queda de un retablo encargado por la ya extinta cofradía del Corpus Christi (de ahí su nombre), radicada en la Iglesia de Santa María Magdalena de la capital jiennense en el siglo XV,
En Italia es condiscípulo y amigo de Miguel Ángel y debe colaborar con él en la elaboración de la Capilla Sixtina, de ahí que cuando Carlos V lo reclame para trabajar en Granada "principal punto de atracción del momento, ya que la ciudad se prepara para acoger la coronación imperial", el artista ya cuenta con una fama de excelente fresquista. Destinado para trabajar en la Capilla Real, al quedar los planes decorativos de ésta en suspenso, Jacobo Florentino sólo puede participar en dos obras: el retablo de Santa Cruz (1521), junto a Machuca, y el Camino de Emaús y La Cena , donde deja buena muestra de su monumentalidad miguelangelesca. Pese a que no tiene formación arquitectónica previa, demuestra su ductilidad al emprender obras constructivas de gran valor, la más importante de las cuales es el inicio de la iglesia de San Jerónimo, monumental fábrica que luego sería continuada por Diego de Siloé. El arte en el que más destaca, sin embargo, es la escultura, con piezas monumentales como el delicioso grupo de la Anunciación , situado sobre la puerta de la Sacristía de la Capilla Real granadina.
El Cristo del Corpus, en la escena, que en otro tiempo estuvo enmarcada por un paisaje en bajorrelieve realizado en yeso policromado que mostraba la ciudad de Jerusalén, hoy desaparecido, se representa a Jesús muerto en la Cruz, única figura del grupo escultórico en bulto redondo. Supone el eje de simetría perfecto entre los dos abigarrados grupos de figuras -éstas en altorrelieve- que, más abajo y a cada lado de la cruz, se disponen de forma muy equilibrada, a pesar de haber siete imágenes en el lado izquierdo frente a sólo cinco en el derecho.

martes, 22 de agosto de 2017

Cosas cotidianas


Que no hay nada nuevo bajo el Sol, os lo digo yo y si no, ver cuántas veces os han ocurrido las cosas que ahora os cuento:
-Yo tampoco sabía qué hacer con el color blanco de los lápices de colores...
-Odio que me despierten preguntando si estoy dormido.
-Yo también he tirado de la puerta cuando ponía claramente "empujar"....
-Yo también he utilizado alguna vez el móvil como linterna.
-Saco el móvil, miro la hora, lo guardo, ni idea de qué hora es!
-Pidas lo que pidas, el peluquero siempre hace lo que le sale de las narices.
-Yo también dije "trae, que tú no sabes!!" y yo tampoco supe.
-El dinero no da la felicidad, pero yo prefiero viajar en un Ferrari...
-Yo también canto las canciones en inglés como me da la gana!!
-Por qué viene una tía del futuro a explicarme cómo funciona la lejía???
-Mi madre también me decía "como vaya yo y lo encuentre..." ¡¡COÑO, y lo encontraba!¡
-Me acabo de enterar de que SUGUS es capicúa.
-Mi madre también decía: "esta es la primera vez que me siento en todo el día!" ahora lo digo yo.
-Yo también de pequeño decía "inglish pitinglish".
-Siempre quise subirme a un taxi y gritar: "siga a ese coche!".
-Señoras que dicen ''Niño, pásame eso, que está ahí, encima de aquello''.
-Mama hazme algo para comer. - ¿Por qué no te lo haces tú? - Da igual no tengo hambre.
-Para los que cuando tocamos timbre y preguntan ¿quién es? decimos "YO"!!.
-Yo nunca he terminado una goma de borrar, antes se me perdían.
-Tampoco he visto nunca una paloma pequeña ¿nacen ya grandes?.
-Ojalá tuviera por la noche el sueño que tengo por la mañana.
-A mí también me dijo que le salió fatal el examen y sacó un 10.
-Yo también me quedé aislado porque mi madre fregó el suelo.
-Mi cuarto se desordenaba solo...
-¿ABRE FÁCIL? Los cojones!!
-Los cortes de digestión no existen: Es una leyenda urbana de los padres..
-Me he muerto 19.985.322.486 veces por no haber reenviado cadenas de e-mails.
-Yo también aprieto más fuerte el botón del mando cuando se gastan las pilas.
-Yo también digo NADA cuando me pasa ALGO.
-Le digo a un amigo que mire DISIMULADAMENTE, y nunca mira disimuladamente.
-A mí también me han mandado callar mis padres cuando veían que tenía razón!
-Es mejor conversar en clases que en el recreo.
-Siempre se me cae un calcetín cuando llevo un montón de ropa a la lavadora!
¿Es verdad o no que también os ha ocurrido?, estoy convencido que más del 95 % de las cosas que os he contado os han sucedido y es que ¡NO HAY NADA NUEVO BAJO EL SOL!

Murio Pablo


Siempre recordaré las historias que Pablo me contaba en tardes apacibles, allí, en esas lomas abismales donde trascurrió su vida y parte de la vida de mi padre. Allí donde fundiendo sus manos ajadas en la tierra y a pleno sol de mediodía elevaba sus ojos en un avemaría silenciosa. Sin pensarlo atrás, deja una familia que cuando lo teníamos entre nosotros lo tratábamos como ...si fuese nuestro propio abuelo, una familia con el rictus de sorpresa, con una mueca de dolor y mil lágrimas. Lágrimas por él, porque se dejó querer por nosotros, el hombre de la gorrilla y los pantalones caídos, el hombre de la sonrisa sincera.
Apenas se despidió. Se marchó rápido, casi sin avisar, sin protocolos, sin un suspiro, de puntillas y sin hacer ruido. Así era él. Un espíritu libre y como tal se fue.
Pablo era un hombre recio que amaba el trabajo como si estuviera pegado a su piel y a su alma y era también infinitamente tierno cuando hablaba de su familia y sus compañeros de trabajo entre ellos mi padre, amigo inseparable de su infancia, los dos aprendieron juntos a leer o mal leer y a escribir y a rezar en las tardes de tormenta.
Pablo vio florecer la tierra y también vio crecer a sus hermanos y los vio partir, vio partir a sus padres, la mula y todo ser viviente que había alrededor del cortijo y cuando la noche llegaba y las sombras se hacían difusas se quedó muy solo, se vino abajo al darse cuenta que el trabajo era muy pesado para sus fuerzas y emprendió el camino del abandono, lo último fue la muerte de su perro Lucero que lo dejó más solo que la una, según él.
Un día me contó Pablo, que en la guerra teniendo unos diez años bajó a la rebusca con mi padre y uno de mis tíos, no recuerda cual y se encontraron con un hombre muerto de un tiro y abandonado en una cuneta, se pararon un rato a mirarlo y remirarlo a ver si lo reconocían y viendo que no mi tío les dijo:
-Vámonos corriendo que viene un camión.
Se escondieron entre los olivos y mi tío les hizo prometer ante una estampa del Nazareno que pasase lo que pasase ellos no habían visto nada, que sino vendrán a por nosotros y nos pasaría lo mismo, que nos montarían en un camión como el que acaba de pasar, pero gracias a Dios todo aquello acabó y por fin llegó una mañana en la que mi padre me despertó a gritos:
–“Se acabó…la guerra se acabó”
Aquel día fue una fiesta en el cortijo, el señorito nos invitó a comer a todos los que trabajábamos en la finca, desde allí veíamos como en Jaén tiraban los cohetes como en los añorados tiempos de Feria y procesiones. Y empezó a llenarse las cortijadas de gente que regresaban del frente, otros aparecían de no se sabe bien donde, algunos eran detenidos, había llantos, risas, y hambre, mucha hambre.
Atrás quedaban montones de recuerdos, recuerdos vividos en los cortijos el Verdejo, el Marques, las Monjas, los Niños y la famosa cortijada de Cuevas, fincas que recorrió palmo a palmo y a las que le sacó cada cosecha, su horizonte del que aprendió las lluvias y las sequias, cada amanecer y cada ocaso.
Y como en las tardes calurosas, cuando el sudor surcaba su frente y anhelaba la hora de la siesta, un día cerro sus ojos y se entregó a un merecido descanso y se fue, así de una forma tranquila.
Pablo deja recuerdos de un hombre justo, fiel a los suyos y a sus ideales. Un hombre que se vistió con el traje de la honradez y del que nunca hizo mal a nadie. Todo el que diga o sienta lo contrario, vivirá siempre en la angustia de la mentira.
La muerte da siempre la última carcajada. Una carcajada cruel e intensa que borra de un zarpazo cualquier amago de sonrisa, cualquier intento de esperanza.
Aquel día, le di un último adiós a nuestro amigo Pablo al que incineraron no se bien porque, si él siempre decía que cuando se muriesen que no lo quemasen que bastante quemado estaba en vida como para que lo quemasen en la muerte, bueno quizás fuese su última voluntad. Aquel día hacía frío mucho frío, en la calle chispeaba y el aire estaba saturado de dolor, mucho dolor.

Nuestros mayores.


Los que vamos entrando en los sesenta y los que lo superan, deben de entender que entran o entramos en una etapa más en la vida y debe asumirse con la misma tranquilidad con la que se asume la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez, cada una con sus respectivas dificultades.
Hoy, es muy común ver a personas de más de 80 años muy activas, llenas de ilusión y de ganas d...e vivir aún más tiempo y aprovecharlo mejor. Tienen inquietudes culturales, sociales, tecnológicas y hasta deportivas y, por qué no, afectivas también, personalmente conozco un caso de un amigo de setenta y tantos años que está en la Universidad de Jaén queriendo sacarle aún más jugo a la sabiduría con la que cuenta, nunca se deja de aprender ya que el saber no ocupa lugar, bravo por mi amigo Vicente.
Creo que lo que no podemos es permitir que después de que una persona lleve trabajando cuarenta y pico de años por cualquier situación económica o social difícil y cambiante, nuestros mayores vean restringidos sus derechos, garantías y libertades.
Todos absolutamente todos conocemos dentro de nuestra familia, amigos y vecinos, a personas mayores, es decir, personas de 65 años de edad en adelante. Los que todavía no somos personas mayores o de la tercera edad, ya quisiéramos tener asegurado que llegaremos a serlo. Por eso, el simple hecho de ser una persona mayor, ya es un privilegio que constata más tiempo de vida, con el consecuente cúmulo de experiencias y de sabiduría que supone vivir más.

Dos corazones



Se robaron el corazón
ante la alegre mañana,
y al sonar de la campana...
abierta dejaron la ventana.

Con sus risas, él la vio
Y ella sus ojos ocultaba,
ocultaba su inmensa alegría
en su alcoba solitaria.

Bendito barrio, mi barrio
bendita Plaza de la Magdalena,
Y bendita casona vieja
donde mi madre fue mozuela.

Y el agua se iba riendo
de aquel nene y la nena,
que se miraban como bobos
desde enero a noche buena.

Heridos los dos quedaron
cuando con los ojos se quisieron,
y en el pilar de su barrio,
agua de amor bebieron.

Se robaron el corazón
en el pilar de la Magdalena,
cuando él era un nene
y ella una nena.

Groucho Marx.


Anoche estuve viendo algunas películas de los Hermanos Marx, y entre los diálogos se mezclan la picaresca, el disparate y la crítica, lo que hace que las películas de estos tipos sean un continuo recital de chistes. Os cuento algunas escenas de esas películas:
El camarero pregunta a Groucho Marx.
-¡Qué! ¿Les ha gustado el menú?
-Sí, señor, ha sido una comida estupenda. Ahora tráiganos un buen ci...garro puro, prepare la cuenta y llame a la policía.
En el hotel de los líos.
-¿Qué va a tomar el señor?
- Una copa de coñac.
-Aquí tiene.
-Perdone, ¿me la podría cambiar por un café sólo?
-Faltaría más. Aquí tiene.
(Se lo toma y se va hacia la puerta)
-Oiga, que no me ha pagado el café.
-Es que se lo cambié por la copa de coñac.
-Es que tampoco me ha pagado la copa de coñac.
-Es que no me la he tomado.
Una noche en Casa Blanca.
-Buenos días, ¿qué le pongo al señor?
-Al señor, le pones dos velas en cuanto pueda.
-Perdón, quiero decir, ¿que qué desea?
-¿Yo? Ser rico, famoso y vivir como Onassis.
-No, no, perdone, ¿quiero decir que qué desea Vd.?
-Pues yo deseo a aquella rubia de la esquina, un ferrari y mucho, pero que mucho dinero.
-No, ¿que qué desea Vd. tomar?
-Unas vacaciones en Acapulco, ¿me entiendes?
-¿Que qué desea Vd. tomar de beber?
-¡Ah! Un vaso de agua que estoy seco.
-Por un vaso de agua no se puede ocupar una mesa.
-Pues, tráigame 10 o 12.
-Aquí no podemos poner agua. ¿Dígame qué va a tomar?
- Un café con leche, ¿qué me costaría?
- 50 centavos.
-¿Y el azúcar?
-El azúcar, nada, se la regalamos.
-Pues, tráigame 2 kilos.
-No me tome más el pelo y dígame que va tomar.
-Pues, el sol.
-Para estar aquí hay que pedir algo.
-¿Me das un cigarrito?
-Mire señor, se me está acabando la paciencia, ¿dígame lo que va a ser?
-Yo ingeniero, sólo me quedan dos asignaturas.
-Quiero decir, ¿que qué desea?
-Que me toque la primitiva y acabar la carrera.
-Si no va a utilizar nuestros servicios, por favor, márchese de aquí.
- Ahora que ha dicho lo de los servicios, dígame dónde están que me ha entrado un dolor de barriga que no me aguanto.

Recordando a Pablo


Hace aproximadamente un año que Pablo murió y no se me va de la cabeza, muchas veces siento la necesidad de hablar con él y que él me cuente cosas de aquellos tiempos, de aquellos cortijos y aquellas vivencias las cuales siempre las contaba con su peculiar lágrima en su ojo.
El último año de su vida envejeció muy rápidamente, caminaba lentamente, apoyado en su bastón cuando bajábamos al cortijo sus arrugas parecía que tenía la misma antigüedad que las piedras gastadas que pisábamos. El pelo cano, cubierto por su viejo sombrero negro, del mismo color que la roída chaqueta la cual jamás consintió que se la cambiásemos por otra nueva. Las manos ásperas, llenas de callos, escritas de infinidad de cicatrices, producto de una larga vida de empuñar otro astil de madera, no el que ultimadamente era su apoyo fiel. Su cuerpo era enjuto, pero fibroso, a un quedaba el recuerdo de su vigorosa juventud, era como la imagen de su querido cortijo el cual desde la loma más alta se distinguía perfectamente nuestro querido Jaén.
Pablo siempre estaba filosofando y cuando lo llevaba al cortijo era una enciclopedia hablante:
-Cómo cambian los tiempos Miguelillo, como cambian, en casa nunca tuvimos luz, ni nevera, ni televisión.
- Si supieras los días que pasé aislado en este lugar, sin más compañía que un buen fuego, mi perro y mis recuerdos.
- Si supieran las semanas y semanas que tuve que comer el pan duro mojado en leche y tener que acostarme cuando la noche comenzaba a caer en invierno.
Pablo se sentó, apoyando su dolorida espalda contra la desconchada y rugosa pared de su casa, cerró los ojos y haciendo balance de todo lo que había vivido a lo largo de sus noventa y algunos años me dijo.
- Es cierto que he tenido carencias, pero creo que nadie habrá sido tan feliz como yo, cuanto ha cambiado la vida Miguelillo.
Recuerdo que en aquel momento el viento caprichoso y juguetón se arremolinó cerca de Pablo y como si fuese una hoja le arrebató su sombrero y lo revoló como si fuese una cometa.
-Corre Miguelillo que no se pierda que es el que me trajo tu padre de Alemania.
Esta frase la decía casi a diario, coda vez que se ponía el sombrero en mi presencia me recordaba el dicho, pobre hombre.
En fin, hoy decidí subir solo al cortijo y a lo lejos pude distinguir a un hombre de cierta edad que bajaba por el camino montado en su burro con su perro, por un momento pensé ver a Pablo o sería Pablo, el corazón se me aceleró y el cuerpo me dio un vuelco cuando pasó a mi altura el hombre del borriquillo me dio los buenos días con un “Dios os guarde” el perrillo se limitó a ladrarme, el hombre dando media vuelta dijo, calla” Lucero” mientras aquellas tres figura se fueron perdiendo del paisaje, se difuminaron y mimetizaron como si fuesen parte del cuadro al que yo solo estaba mirando.
Cuanta soledad y cuanto aislamiento en todo aquel entorno, pero lo más triste lo más doloroso era el abandono tan tremendo que quedaba en los cortijos de aquel entorno donde Pablo y mi padre fueron niños y mozuelos como él le decía a la juventud.
Hoy me sentí a gusto, fue un día tan especial como todos los pasados, como todos los que pasé al lado de éste grandísimo hombre que cada día que le regalaba la vida le hacia una muesca de existencia a la madera de su viejo bastón.